martes, 22 de mayo de 2007

cuentos para adultos


En un infierno sin ley

Así se sentía hallenbeck aquella tarde en medio de una tormenta que reventaba bombas pesadas contra la gigantesca masa de cemento y almas…
Según su parecer las bestias salvajes enloquecen y se vuelven decaídas de ánimo cuando no están buscando su alimento (o intentando montar a la hembra de turno) y hacía mucho ya que el hombre no comía lo que cazaba, y lo de las hembras… pues muchos pasaban sin pena ni gloria las mitades de sus vidas junto a una hembra a la que tal vez no hubieran montado de haberlo sabido.
Era un infierno sin ley porque los hombres con mucho tiempo para pensar se habían empecinado en inventar cuentos. Los cuentos en la tierra los había de varias clases, pero a hallenbeck le gustaba reducirlo todo al extremo y decía que sólo había dos clases de cuentos: Los que se creen los niños pequeños y los que se creen los adultos.


Para él no sólo el sistema religioso y político pertenecían a la segunda clase, cosa bastante fácil de entender bien mirado, sino que también la moral era un cuento que el hombre se había inventado en una tarde aburrida de tormenta y de depresión en el ánimo. La religión era un concepto que a hallenbeck le cosquilleaba dentro de la cabeza, detrás de la oreja, en la region nido estupidis palium. Fuera lo que fuera en lo que pensase Hallenbeck, en cualquier momento del día, en cualquier sitio, siempre que pensaba en algo había un ruido de fondo en su mente, el porqué la gente se creia esos cuentos. Era fundamentalmente lo que le diferenciaba de las demás personas con las que trataba, su manera de examinar constantemente la situación y hacerse preguntas incansables que se le agolpaban en la entrada de la racionalidad, que no tenía muy ancha por otra parte, y se desvanencían en el agujero negro del olvido.
Por eso hallenbeck solía escribir de vez en cuando todas esas cosas que se le presentaban frente a su ego mental pidiendo explicaciones. Creía que si las escribía las salvaba de su agujero negro mental, sin caer en la cuenta de que sólo cambiaba la forma del verdugo, ya que aquellos trazos en el primer papel que encontraba morían también aplastados bajo una montaña de libros, aburridos en cualquier esquina.
Hallenbeck escribió una vez, en uno de esos papeles que los crucifijos, las lunas, los gordos cebados brillantes y los elefantes con más de cuatro extremidades eran símbolos del tremendo y descontrolado desarrollo del nido estupidis palium, por la falta de ocupación de los instintos animales en los seres humanos. Muchas veces pensaba en integrar (la palabra preferida de los antropólogos fenomenológicos) todos aquellos objetos en un único amuleto protector panaceíco.
No podía evitar que sus labios formasen por su cuenta y riesgo una sonrisa en su boca cuando pensaba en su amuleto integrador multireligioso. Porque claro…hallenbeck solía pensar desde su fría faceta científica que habiendo tantas religiones, muchas de ellas tendrían información cierta, lo que quería decir también que todas las demás estaban equivocadas con respecto a ese punto.



Es cierto, a Hallenbeck le gustaba jugar con ventaja, eso era lo que muchos pensaban, pero hallenbeck era simplemente un escarmentado ecléctico. Al menos eso le hubiera gustado que pusiera en su carné de identidad en el apartado opción metafísica, según él en el carné de identidad debería figurar ese dato, aunque sólo fuera para darle un poco más de coherencia al nombre escogido para el d.n.i.
Hallenbeck solía rodearse de gente extraña, esa era al menos su creencia. Doctor maligno, el equilibrista y el niño castizo eran sus compañeros de tarde. Doctor maligno era un marroquí con el pelo enredado y tez café con leche suave, que fruto de la globalización nació en Vitoria-Gasteiz, hijo de padres burgaleses y Cordobeses él se creía desde su adolescencia un fiero seguidor de Xabino Arana, el padre de la gran debacle de la antigua cultura del reino de Navarra o como luego se llamó Pais vasco o Euskadi….Doctor maligno era un nuevo euskaldún amante de una cultura tan atrayente que impulsa a los que bastardamente la disfrutan de señalar su pertenencia a esa cultura exagerandose a sí mismos muchas veces. Como decia, maligno fardaba de vasco pero cuando se le preguntaba si sabia hablar euskera se defendía argumentando que estaba en ello, y que aunke fuera el octavo año que llevaba estudiándolo, iba poco a poco, que ya lo entendía cuando le hablaban, pero que hablar, lo que se dice hablar, pues todavía no era capaz.

1 comentario:

BigErn dijo...

Hallenbeck siempre ha sido un nombre especial y legendario, por tanto es justo que sea gente con criterio quien haga uso de él, como es el caso (además así me puedo apropiar legítimamente del de Big Ern). Me gustaría realizar un par de matizaciones de lo más impertinente (tal es mi estilo, Hallenbeck lo sabe de primera mano) a tan interesante opinión. Me tomaré la libertad de hacer una clasificación distinta de cuentos y otras irracionalidades: por un lado tenemos los relatos que no sirven para nada bueno (las religiones actuales estarían dentro de este dañino grupo) mientras que por el otro nos encontraríamos con las fábulas que se prestan a diversas lecturas e invitan a la reflexión. En realidad se podría decir que es el ser humano el que ha convertido en inservibles algunos relatos, transformándolos en cobardes herramientas para la atenuación de diversos temores (tales como el miedo a morir), a través de su conversión en dogmas inamovibles que no admiten discusión, para poder así seguir llevando una existencia alienante y esquematizada, y eludir la necesidad de cuestionarse si en verdad está bien o mal lo que uno hace, o si realmente merece la pena (lo hago porque es mi trabajo y punto). Simplemente nos insertamos en un esquema de vida heredado e intentamos estar en paz con el cielo mientras llenamos nuestras arcas (como los apestosos judíos de la época romana). No existe una actitud más deplorable y vacía de autenticidad. Igual de lamentable es la actitud de quien rechaza sin conocer, una especie de cinismo infundado (mucha gente adopta una postura determinada para "molar" o para seguir la corriente moderna mayoritaria y políticamente correcta). En ambos casos la identidad individual queda prácticamente aniquilada. Por éso es importante hacerse preguntas antes de decidir, acercarse a todo de manera objetiva, aceptando nuestra ignorancia si es debido antes que caer en una opinión temeraria carente de todo fundamento y rebosante de estupidez (véase Doctor Maligno). Seguramente, en su origen todos los cuentos eran útiles, por ello es bueno leerlos de forma independiente, dejando a un lado los prejuicios generados a causa del detestable uso que le han dado durante siglos aquellos que ilegítimamente se apropiaron de dichas fábulas. Es sorprendente en lo que puede llegar a convertirse un relato o una doctrina (política o religiosa) debido al contacto con gentuza aprovechada. Es importante conocer lo que son las cosas en su esencia, y no valorar simplemente en lo que, por desgracia, se han convertido. De este modo, tal vez podamos aprender algo incluso de lo que a primera vista parece no ofrecer nada interesante. Supongo que Hallenbeck no está del todo de acuerdo con este pequeño coñazo que acabo de soltar (¡que te jodan montón de mierda!) de igual modo que yo mismo no lo estoy (creo que es hora de tomar mi medicina, y dejar de leer libros de Groucho). Quiero dar fe de la existencia del energúmeno llamado Doctor Maligno, un personaje del todo real que amenaza con extender su espeluznante reino de terror y arquitectura que fusiona el estilo de Miguel Angel con el de un vagabundo epiléptico hasta donde alcanzan a ver nuestros ojos. Esperemos que no sea así. Slitzbait