22-5-07El psicologo neurotico-psicotico cree que los psicólogos le deben su pan a todas esas cabezas pensantes que difunden sus medias verdades por el aire de toda la tierra. Él lo considera terrorismo comunicativo y puede verlo, respirarlo y casi cree tocarlo cuando pasea por algunos sitios. Uno de esos sitios es la calle princesa de Madrid en la esquina con argüelles. Es el lugar del mundo donde mejor percibe el alma del cemento, allí el aire tiene algo diferente. No es el olor, ni la claridad, tampoco es el peso...no sabe a través de qué sentido lo percibe, pero él lo nota, le llega directo al cerebro, como una prolongada calada a un porro de jachís.(el efecto es súbito y poderoso,como una horda de seiscientos guerreros cargando todos a una, una vez pasan todo lo ke dejan atras cambia).El thc es como una nube de humo que de repente te rodea el cerebro por dentro del cráneo, haciendo que descanse el tiempo, aminorando su marcha, estableciéndole un nuevo ritmo a tu alma)
Pues en argüelles le pasa algo similar al psicologo neurotico-psicotico, cada vez que respira el aire de esa calle le parece que el cemento le susurra, le roza la piel y trata de entrar en él. También allí es donde mejor distingue los hilos que dirigen a todas las marionetas que por allí transitan.
Esos hilos cuelgan desde el cielo y por mucho que lo intenta, el psicologo neurotico-psicotico nunca ha conseguido atisbar el lugar desde el que provienen. Los hilos son de colores, algunos son de color religioso, otros son de color intencional, hay algunos de color moral, muchos son color propaganda y muy de vez en cuando se ven algunos hilos color cordura. El psicologo neurotico-psicotico intenta buscarle algún punto positivo a todos los sermones moralistas e idealistas, pensando que por culpa de esos mensajes que flotan por todas partes, como si fueran polen en primavera (y que como el polen también le producían alergia, gracias a dios y la divina providencia), la gente cae enferma del alma y buscan ayuda.
El cree que la gente es infeliz principalmente por los sentimientos de culpabilidad, que no son otra cosa que la incapacidad de la gente de cumplir el papel que la sociedad le propone, creer que deberías o podrías haber sido otra cosa mejor. Ni siquiera eso, a veces la gente reconoce un momento clave en el devenir de su identidad muchos años después, a veces meses. Esos momentos no suelen verse venir y depende del humor que gastes ese día elegirás el lado al que saltar.
Es difícil empezar de cero. El cerebro no tiene el botón de reseteo del cuentakilómetros del coche, por eso a la gente la memoria le aplasta la mirada contra el suelo y no le deja mirar a los ojos. Los cuentos para adultos son difíciles de evitar, ya hemos dicho que flotan en el aire, esos cuentos penetran en la conciencia desguarnecida, se adhieren a ella sigilosamente, y ahí se quedan. Debido a esos valores morales de la sociedad a esa pobre gente la memoria les maniata la voluntad con la fuerza de férreas cadenas de preso.
Yo sólo busco la llave maestra para esos malditos grilletes.
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